lunes, agosto 13, 2007

CUENTO D KOPAZ # 23.doc

Eran las 8 y veinte, faltaban pocos minutos para lo acordado, salió apresurada de su cuarto y tras un breve adiós dirigido a su madre, la cual se encontraba ocupada atendiendo una llamada telefónica, se encamino hacía la calle, ya afuera, decidió esperar sentada en las escaleras de la parte exterior de su casa, estaba algo agitada y tenía una mirada asustada, sólo se dedicaba a observar hacía todos los lados, como si de una paranoica se tratara y es que hacer ese tipo de cosas en una ciudad como Piura, una ciudad demasiado conservadora, era motivo de denigración y apartación social por parte de las personas de mayor edad.

Miró su celular, ya eran las 8 y 35, se comenzó a impacientar, de un momento a otro, inesperadamente frente a ella surgió una figura, era él, algo bajo, con el pelo revuelto, tal vez debido a una inoportuna tardanza que lo obligó a correr, sus ojos pardos y una mirada profunda eran lo que la intimidaban, un apresurado y apenas pronunciado hola fue lo que él exclamó.

- Entonces, nos quedamos aquí, ¿o salimos?

- No, estás locazo, quiero salir de aquí…

- Ok… ¿A dónde nos vamos? -le preguntó él-

- No sé, lo más lejos posible de aquí –dijo algo nerviosa- no quiero que nos vea nadie.

Y así fue, caminaron por toda la recta de su departamento hasta salir a la avenida principal, cumplían ya un año de enamorados, era algo increíble para ellos, sobre todo por las circunstancias en que se daba todo aquello; llegaron a la avenida, decidieron caminar un poco, querían liberarse, en cierta parte, de todo aquello que sobre ellos pesaba, querían resumir en una pequeña conversación durante ese recorrido lo que en realidad había significado para ambos todos esos meses, día por día.

- Es un año, ¿puedes creerlo? -expresó Juan algo dubitativo-

- Ya no sé que pensar

- Pero, ¿por qué? ¿qué ha pasado?

- Es por mi vieja… me hostiga mucho, y esa nota llega.

- ¿Sabe algo de esto?

- No sé, pero sospecha, ya últimamente se palteaba cuando le decía que iba a salir.

- Creo que debemos darnos un tiempo hasta que eso pare o tu vieja se olvide. Espera, paremos aquí.

Se detuvieron en una esquina, Juan intentó cogerla de la mano, pero ella se la retiró, estaba nerviosa, sentía que alguien los seguía. Pasaban combis y taxis a cada momento por su lado ofreciéndoles sus servicios, pero ellos esperaban. ¿qué esperaban? Probablemente ninguno de los dos tenía la respuesta, ambos estaban aturdidos debido al problema contado por Sara, no se encontraban en una buena situación anímica como para “celebrar” algo en aquellos momentos, por el contrario, razones habían para preocuparse. Por fin Juan se animó a parar un taxi, luego de un breve arreglo con el taxista, subieron, ninguno de los dos tenían claro hacía dónde se dirigían, sólo querían “escapar” del bullicio de la ciudad, no hablaban ni se miraban, hasta que Juan decidió romper el silencio.

- Sabes, yo me proyectaba llevarte a algún lugar chévere, pero con lo que me contaste, no me quedan ánimos de hacerlo.

- Yo no quería contártelo, porque sentí que era mi culpa -dijo tímidamente Sara- Yo pensaba resolverlo sin que tu te enteres, pero ya las fregué.

- No, tu no has fregado nada bebé -le dijo Juan en un tono suave cogiéndola del mentón- ya no hay que pensar en eso, todo pasará.

Ambos sentían el deseo de besarse y acariciarse, pero algo se los impedía, una barrera los separaba y los dejaba tan sólo tocarse las manos, todo estaba limitado a hacer ese monótono juego, miradas van, miradas vienen. ¿Quién iba acabar con ese tonto juego? Juan esperaba eso de Sara, mientras que Sara esperaba lo contrario, hasta que un improvisado protagonista se inmiscuyó en la historia.

- Chino, ¿dónde te dejo?

- Ya, por acá bajamos -dijo Juan algo adormilado por todo ese trance- ¿cuánto es?

- Dos lukas tío

Aquel lugar elegido por Juan, era un Parque, ciertamente alejado del centro de la ciudad y por ende, de la casa de Sara, a ese lugar había acostumbrado ir con su anterior enamorada, conocía perfectamente la zona, y sabía que era poco probable que algún conocido de él o Sara se cruce por ahí.

Desde algún lugar de la zona venía el aullido de un perro, el cual, combinado con la poco iluminación del lugar, hacía que la zona adquiriera un cierto aire tenebroso, pero eso no les interesaba, sólo querían tratar de pasar bien ese momento, pese a las dificultades por las que pasaba la relación.

- En serio, me jodió aquello que dijiste hace rato -esbozó Sara con un tono tímido mezclado con una dosis de rabia-

- ¿Lo de llevarte a otro lugar?

- Si, pensé por un momento en que si no te lo hubiera dicho, tal vez estuviéramos en un lugar, no sé, más bacán, muriéndonos de risa como siempre lo hemos hecho.

- Mejor olvídalo, ya todo está hecho, pensar en eso, sólo va a derribar todo esto -Luego de decir esto, Juan se quedó en silencio por un momento, agachó la cabeza y estuvo durante un rato, dirigiendo su mirada hacía el suelo, luego volvió a alzar la cabeza y miró a Sara- Estuve pensando en algo.

- ¿Qué?, ¿ahora que pasó? –preguntó Sara algo inquieta-

- No sé, pero esto ya me está oliendo a Romeo y Julieta -respondió Juan con una sonora carcajada-

- Sonso, ya déjate de tonterías, tu sabes que odio las cosas cursis.

Tal vez, aquella tonta broma fue la que puso de buen humor a ambos y de manera radical, cambió el panorama que hasta ese momento se notaba decaído, besos van, besos vienen, Juan se sentía bien con eso, sentía que toda aquella infancia fatal, y que constantemente recordaba, porque había dejado huellas en él, ahora adolescente, se disolvían con cada beso, se sentía seguro al lado de ella, pero… ¿cómo saberlo si ella también?, siempre, desde mucho antes de estar con Sara, había sentido que ella tenía un poder capaz de dominarlo, “madurez” le había contestado Sara al preguntarle el por qué sucedía eso. Madurez, mientras la besaba, pensaba, “A ella nunca la han maltratado, nunca ha trabajado en su vida, yo sí, dicen que los golpes te hacen madurar ¿y qué pasó conmigo?, quizás he exagerado todo y mi infancia no ha sido tan fatal como yo pienso, pero… ¿y la madurez?”. Mientras pensaba en eso, no se daba cuenta que sus labios andaban por otro lado, Sara lo despertó de ese breve e inconsciente sueño.

- Oye, ¿dónde andas, ah?

- Pucha, sorry, sólo estaba…pensando.

- ¿Pensando en qué?

- No, nada olvídalo.

- Mejor salir de aquí, no me gusta este ambiente.

Luego de la petición de Sara, ambos se pararon a la vez y comenzaron a caminar, se sentían seguros en el lugar, estaban lejos de las pandillas y las zonas rojas, por lo que no dudaban ni un solo momento en caminar.

Caminaron sin rumbo ni destino, llegaron a otro parque donde descansaron, mientras hacían eso, Sara comenzó a cantarle, lo hacía, porque sabía que a Juan le encantaba su voz, “eres una chica linda y tierna, pequeña pero decidida” le dijo Juan. Al terminar de cantarle, Sara no lo miraba a los ojos, y él solo acariciaba sus manos, ya era tarde y el cansancio era mas fuerte, otra vez cogidos de la mano caminaron, silencios y silencios al caminar juntos quizás sabían lo que iba a pasar, cerca a una esquina aprovechando que la tenia de la mano se acercó a besarla, ella le correspondió, se abrazaron y siguieron caminando sin decir una palabra.
En el camino un beso mas nació, sabían que no era lo correcto en ese momento pero no les importo, ni él ni ella se sentían fatales. Hablaron de que al llegar a sus casas pensarían en lo que había sucedido y así iba a ser.

Juan reparó lo tarde que era para Sara al ver la hora en su celular: eran las 11 y media, podía pasar algo malo. De nuevo, los besos empezaron a cruzarse entre ambos, decidieron estar hasta la medianoche y para eso regresaron al primer parque en el que estuvieron, cuando llegaron encontraron una novedad, en la parte exterior de una de las casas que estaba a unos metros del parque, se encontraban reunidas varias señoras, con talla menopáusica, aparentemente vecinas, quienes al ver a la pareja, no dejaron de prenderles la mirada sólo hasta un buen tiempo después. Juan y Sara no repararon en ello, poco les interesaba, lo único que querían era terminar bien esa media hora que les restaba para retornar cada cual a sus casas. Se podría decir que “la pasión”, por no decir otra cosa, se apoderó de ellos, las inquietas manos de Juan se iban por otros lugares, así pasaron aproximadamente 10 minutos, en que el grupo de señoras se disolvió y el lugar volvió a estar como en un principio.

Sara, en una clara intención de provoco, se sentó en las faldas de Juan, pero, inesperadamente, la intensidad del momento disminuyó mucho.

- Eyy, ¿que pasó? ¿qué hice? –preguntó Juan algo intrigado-

- No, no es algo que tu hayas hecho, presiento que va a suceder algo.

- Mmmm, no creo que tu creas en eso, ¿o sí?

- No, no sé, mejor sigamos, no quiero estropear el momento por tonterías.

De nuevo, la pareja continuó con las caricias anteriormente interrumpidas, estaban en medio del acto, y mientras él besaba su cuello, sorpresivamente apareció frente a ellos una camioneta, Juan ya había estado subido antes en una de ellas, así que reaccionó de forma apresurada ante ello, rápidamente Sara se bajó de las faldas de Juan y ambos se pararon, como queriendo correr.

- Alto, siéntense -dijo un hombre de estatura media con un uniforme azul, el cual bajó de la camioneta, seguido por otro hombre vestido de Policía, el cual iba asegurándose el cinturón, como preparándose para correr-

- ¿qué pasa jefe? -dijo Juan con un tono seguro, como queriendo darle confianza a Sara-

- Acabamos de recibir una llamada de unos vecinos del sector, informándonos de una pareja que estaban atentando contra la moral y las buenas costumbres -dijo con un tono de matón el uniformado- aparentemente son ustedes.

- No jefe, estamos tranquilos, total, este es un parque, hace rato estuvieron varias parejas aquí, sólo que nosotros nos hemos quedado aquí hasta ahora,

- Por favor, suban a la camioneta, eso lo arreglaremos en la Comisaría -dijo el PNP que acompañaba al Sereno-

- Ya pues jefe, che, ¿así se paltea?

- ¿cuál es tu che? ¡sube carajo! -dijo en un tono déspota y agresivo el sereno-

Sara tenía ganas de salir corriendo, las mujeres que antes habían estado sentadas afuera, habían llamado al SECOM, y ahora habían vuelto a salir, pero a azuzar a los serenos a que se lleven a la pareja. Luego de verse obligados a subir a la camioneta, Juan se había resignado, “estoy muerto”, pensó. Agarró de la mano en todo el trayecto a Sara, y ella, en vez de quitársela, se la apretó como sintiéndose de segura. Por fin en aquel momento él sintió que Sara se sentía segura a su lado, al fin, a pesar de todo, había podido contestar a una pregunta que le había incomodado durante todo un año.

- Eyy, tu nombre -preguntó un sereno que iba en el asiento del copiloto, mientras sostenía una libreta y un lapicero, a Juan-

- Juan Desulovich Castro –dijo Juan-

- ¿Edad? –volvió a preguntar el sereno, mientras apuntaba en su libreta los datos de Juan-

- 15

- Ah, ¡encima menor de edad! -exclamó en un tono sarcástico el sereno- ya chibolo, dirección y teléfono.

- Urb. Magisterial Mz B Lt 2 y mi teléfono es 201058 –al principio quiso dar datos falsos, pero no tuvo la valentía para hacerlo-.

- Y tú chibola, ¿nombre?

- Sara Desulovich de Ugaz

- ¿Son familia o algo por el estilo? –preguntó algo intrigado el Sereno

Sara iba a hablar, pero antes de hacerlo, emergió la tímida voz de Juan…

- Sí, somos…somos primos.